Aseo felino

La limpieza del pelo y de la piel no es sólo una cuestión de aseo personal para los gatos, que pueden pasar hasta un tercio de su tiempo vital diario limpiándose cuidadosamente todos los rincones de su cuerpo.

De esta forma, mantiene su piel en buenas condiciones y la vuelve suave, brillante e impermeable, extendiendo con su lengua la grasa secretada por las glándulas cutáneas.

Lamerse es también un formidable masaje anti-estrés, gracias a una multitud de receptores sensoriales situados en la dermis. Sin embargo, el gato es poco sensible a las variaciones de temperatura. Recordemos el gusto felino por los radiadores.

Pero, ante todo, es una cuestión de personalidad ya que necesitan mantener su propio olor corporal y así marcar territorio.

 

Un completo ritual

Si alguna vez os fijáis bien en el ritual de acicalamiento de un gato, comprobaréis que siguen un orden concreto. El gato se instala sentado y comienza por lamerse los labios. A continuación, humedece el lateral de una pata y se lava la parte de la cara correspondiente a ese lado nariz, ojos y orejas. Repite la secuencia en el otro lado.

Cuando la cara está limpia, empieza por las patas delanteras, hombros y laterales. A continuación, se centra en las patas traseras, primero la parte exterior y luego la parte interior seguido de la zona genital. El proceso concluye con el acicalamiento de la cola, empezando por la base hasta llegar a la punta.

Hay zonas donde el gato no puede llegar por sí solo, como por ejemplo, detrás de las orejas y en la base del cuello. Por eso, le encanta que le acariciemos en esos puntos aunque también agradece que otros gatos amigos, se encarguen de la limpieza de esas zonas.

 

Pelos y más pelos

Los pelos de cobertura, largos y rígidos, dan color al pelaje, le protegen contra la lluvia y pueden erizarse en situación de peligro o de frío extremo; Los pelos flexibles de la cola, y el subpelo, muy fino y ondulado, funcionan como aislantes térmicos. Al igual que nuestro cabello, el pelaje felino crece alrededor de 2 mm. por semana y se renueva por ciclos mensuales. La luz diurna es un factor determinante en los periodos de muda.

Así, un gato que vive en el exterior hace dos mudas verdaderas por año, mientras que un gato de interior muda durante todo el año. Un gato suele tener una capa de entre 800 y 1.600 pelos por centímetro cuadrado de piel, es decir, el doble que la del perro.

Algunos gatos tienen un pelaje tan espeso y tan largo que es necesario ayudarles cepillando de forma habitual.

 

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