Perros miedosos

A priori un perro no nace con miedo. Normalmente, lo adquiere con el tiempo.

Puede que el perro está genéticamente predispuesto al temor por ejemplo, si la madre ha sufrido carencias durante la crianza, aunque el motivo más común es la falta de socialización en los primeros meses de su vida. Los cachorros tienen que estar expuestos de forma POSITIVA a animales, personas y ambientes durante las primeras 12 semanas. De no ser así, pueden crecer temerosos de las personas, objetos o experiencias nuevas.

Puede que un perro miedoso haya sido maltratado físicamente o psicológicamente en algún momento de su vida, resultando un perro que se asusta de las cosas asociadas con el abuso.

Es posible que el perro recibiera un choque físico o emocional. La reaparición de la causa directa del susto podría provocar una reacción de miedo. Por ejemplo, si tenemos un perro que se le cayó una escoba al lado, puede que evite acercarse a las escobas en el futuro. También es posible que el choque cree una reacción de miedo por asociación: por ejemplo, si un perro tiene contacto con un estímulo negativo al mismo tiempo que suena el timbre, se puede asociar el timbre con el dolor y susto recibido y siempre muestra señales de miedo al oír un claxon.

La mayoría de los temores no desaparecen por si solos y, si no se tratan, suelen empeorar con el paso del tiempo. Otros pueden disminuir en intensidad o frecuencia pero no desaparecer completamente. Pero si una persona ha decidido compartir la vida con un perro temeroso, debería trabajarlo.

Las razones del miedo son menos importantes que la forma de ayudar al perro a superarlo o aprender a reaccionar de la manera correcta.

En primer lugar es muy aconsejable descartar cualquier causa física en el comportamiento temeroso del perro. Es recomendable llevar a su perro al veterinario para una revisión y evaluación.

Después de haber descartado posibles patologías, el siguiente paso en el tratamiento de comportamiento temeroso del perro, es identificar lo que desencadena las señales de una reacción miedosa. Una vez localizado el origen del miedo, se procede a tratarlo. No obstante, no siempre es posible averiguar el origen de los medios y, en todos los casos, hay que armarse con una gran dosis de paciencia porque, el proceso de rehabilitación, puede ser largo y, en algunos casos, sólo habrá mejoría pero no una recuperación completa.

Lo que no se debe hacer nunca es castigar el perro. El miedo al castigo solamente le hará más temeroso. Tenemos que pensar que los miedos no son algo voluntarios y que el animal lo pasa realmente mal.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.