Construyendo buenos hábitos en tu perro

A veces, nuestro perro nos saca los colores por comportarse de una forma poco adecuada ante situaciones que son cotidianas, pero que no le hemos enseñado y por tanto, no ha aprendido a gestionar.

En este post intentaremos dar claves para romper con esos supuestos “malos hábitos” de nuestro perro, es decir, con aquellas conductas como ladridos, gruñidos o falta de atención que, en la mayoría de las ocasiones, se pueden evitar con trabajo previo.

Sentando las bases

Simplificando mucho la Teoría del aprendizaje, los perros repiten los comportamientos que implican algún tipo de refuerzo y tienden a desistir de aquellos que no le suponen ninguna gratificación. En ocasiones, el entorno o la misma familia refuerzan la mala conducta de nuestro perro, aunque nosotros no busquemos ese objetivo. Por ejemplo, llevas semanas trabajando para que tu cachorro deje de saltar encima de la gente, puesto que ahora es pequeño pero, cuando llegue a adulto tendrá una envergadura importante pero, cuando sales al parque, siempre hay algún vecino al que no le importa y, hasta se lo pide, porque le “encantan los perros”. Es lo que llamo boicot del parque, puesto que confundimos al perro y mucho trabajo anterior, se va por la borda en un instante.

En otras ocasiones, nosotros mismos reforzamos por accidente la conducta del perro, por ejemplo, cuando le permitimos que tire hacia delante, aun cuando la correa va tensa hace mucho rato.

Por último, hay situaciones que no podemos controlar del todo. Por ejemplo, salir corriendo tras un gato, una bicicleta o un corredor puede ser muy divertido para el perro, pero comprometido para nosotros pero, sobre todo, para la seguridad del animal. En esos momentos, nos ponemos nerviosos y, en la mayoría de los casos, llamamos gritando a nuestro perro que, hace caso omiso de nosotros.

Por tanto, tenemos que tener claro que, las dos principales maneras de romper con las conductas problemáticas de nuestro perro son retirar cualquier tipo de refuerzo consciente o inconsciente de esa conducta y, sobre todo, darle una alternativa a cambio.

Todo este proceso requiere de una inversión de tiempo y paciencia pues hay que supervisar con celo las conductas que nos presenta nuestro perro (tanto las que no nos gustan com las que sí) para recompensar las que nos interesan, en su caso.

Para romper los malos hábitos y facilitar el aprendizaje de unas pautas adecuadas, los pasos recomendables a seguir son:

Identificar y analizar la conducta que pretendemos cambiar para buscar el motivador adecuado. Qué gana el perro cuando realiza la acción y qué podemos ofrecerle.
Construir una alternativa mediante entrenamiento, o esperar a que ocurran cosas diferentes a la que queremos erradicar y seleccionar una fácil pero que resulte agradable para ti y para el perro. Es lo que se llama comportamiento sustitutivo. No debemos olvidar premiar cada vez que se produzca.
Planificar sesiones de prueba para darle a oportunidad al perro de acertar con la nueva conducta. Ir abriendo las pruebas a situaciones reales de forma progresiva y controlada.
• Tras varias repeticiones, buscar una palabra o gesto para ponerle señal a esa conducta.
Reforzar de forma positiva al animalito siempre que muestre la conducta esperada en la situación que estamos trabajando.

Vamos a revisar unas cuantas situaciones comunes para muchas familias con perro.

 

Perros saltarines

Cuando nuestro perro salta a recibirnos a la vuelta a casa, el premio inmediato es nuestra atención (incluso cuando nos enfadamos) así que nuestra tarea consiste en invitar a nuestro perro a hacer algo diferente a saltar, para que consiga la recompensa que busca en forma de caricias y atención.

Si no ayudas a tu perro a encontrar una comportamiento sustitutivo adecuado, es fácil que él mismo encuentre uno que satisfaga sus necesidades pero no necesariamente las tuyas, así que, llegados a este punto, es mejor buscar algo fácil como sentarse o permanecer de pie tranquilo. Si el perro responde como esperamos, es la hora de recompensar como él espera, es decir, con atención y caricias.

En cuanto a los comportamientos sustitutivos, recomiendo elegir conductas simples ya que, en muchas ocasiones, debido a la excitación, el sentado viene acompañado a continuación, de un saltito más o menos visible. Si premiamos esa conducta encadenada, realmente, estamos premiando la última acción, el salto o lo que es lo mismo, justo la conducta que queríamos evitar.

Por último, en algunos casos, queremos que deje de saltar a las visitas pero permitimos que salte al sofá o a la cama. Cada casa tiene sus propias normas pero, en estos casos, debemos ser muy claros con el perro sobre cuándo está permitido saltar y cuando no. Lo normal es no ofrecer ningún tipo de atención por saltar a menos que le hayamos invitado a hacerlo. Para ello, debemos buscar y trabajar una señal clara y exclusiva para este momento, evitando que generalice con el resto de las situaciones cotidianas.

 

Saluda a todos los perros del parque

No es raro ver perros tirando como posesos para acercarse a otros perros. Aquí la primera premisa de nuestra lista de tareas, consiste precisamente en evitar que te arrastre con él pues, estaría consiguiendo automáticamente la recompensa que busca.

Elimina la tensión; Quédate quieto y espera a que tu perro haga algo diferente a tirar o ladrar. Lo más normal es que gire y te mire confuso un segundo. Es el momento de premiar el comportamiento sustitutivo con una palabra o, simplemente, avanzando al objetivo pero de manera más tranquila.

 

No para de ladrar…

Por mucho que nos disguste, el ladrido forma parte del lenguaje canino. Sin embargo, algunos perros ladran más que otros (al timbre, a los coches, a las bicis,…) y puede ser agotador tener al animalito más ladrador del barrio.

En este punto, la actividad física adecuada, las habilidades y los ejercicios de educación pueden ser de gran ayuda. Si acostumbras a tu perro a responder a tu mirada, a tu voz incluso a ir a su sitio, será más fácil derivar su punto de atención en esos momentos para poderle premiar.

Al principio, deberás estar muy atento y anticipar las situaciones que disparan el ladrido de tu perro para darle tiempo de ofrecerte el comportamiento sustitutivo adecuado (una mirada, un alto en el camino, ir a su sitio….). Realmente, el ladrido es una demanda de atención y si tiene la tuya, aunque sea por otros motivos que los iniciales, la recompensa es igualmente válida para él.

 

Todo es suyo….

Un perro es un perro siempre y, por el hecho de vivir en familia dentro del hogar, no debemos creernos con derecho a molestarles mientras comen o a quitarles sistemáticamente los juguetes.

Esto es especialmente importante en los casos de familias con niños pequeños ya que, podemos convencer a nuestro perro a soltar su comida o juguetes pero, al no tratarse de una conducta natural en él, requiere de supervisión y no deberíamos permitir que los peques de la casa, hurguen por su cuenta y sin vigilancia en las cosas del perro.

En este punto, es importante insistir en que no se trata de una batalla por ver quién manda más en casa, sino de sentar las bases para que el perro comprenda que no le quitamos cosas, sino que se las damos.

En el caso de gruñidos durante la comida, podemos intentar convencer a nuestro perro de que no suponemos ninguna amenaza. Una buena forma, puede ser dispensar la comida en puñados pequeños y directamente en nuestra mano (obviando el comedero). Cada vez que termina la mini ración, dejamos que espere y que nos ofrezca una mirada o una conducta adecuada como sentarse para seguir comiendo.

En una segunda fase, podemos ir añadiendo la comida directamente en el comedero e, incluso introducir algo especialmente rico (salchicha, pavo..) a medida que come. De esta forma, nuestra mano da y no quita. No obstante, salvo estos casos concretos que deberían ser supervisados por un profesional, recomiendo dejar comer en paz al animal.

En el caso de los juguetes, una buena opción es recoger los juguetes tras cada sesión de juego (al fin y al cabo, a nadie le gusta una casa llena de juguetes tirados por todos los lados). Cuando vayamos a jugar, elegir dos juguetes iguales que se puedan intercambiar y dejar siempre que sea el perro el que se acerque a nosotros a darnos el juguete y no al revés. Es el momento de introducir señales como “trae” y “deja”

Si lo ve como un juego no amenazador, es más fácil que asocie cosas buenas a nuestra presencia.

Perros tímidos y miedosos

Los perros aun siendo diferentes a los seres humanos, son capaces de sentir miedo, alegría y otras emociones como respuesta a aquello que le rodea. Al igual que nosotros, su cerebro también dispone de un sistema límbico, asociado a la supervivencia y a las respuestas fisiológicas ante estímulos emocionales. Este sistema, formado por varias estructuras, está relacionado con la memoria, la atención, los instintos sexuales, las emociones (por ejemplo placer, miedo, agresividad) y la conducta.

A un perro con miedo, no es recomendable regañarle cuando hace algo que no nos gusta, pues solo acentuamos temores. Es mejor ayudarle desde el principio, sin reforzar los momentos en los que está tenso, y darle nuevas opciones de aprendizaje.

Si por ejemplo, durante el paseo, ante la presencia de un perro o persona desconocida, se pone nervioso (con o sin tensión en la correa), lo recomendable es dar un paso, o varios, hacia atrás hasta que gane distancia de seguridad, con respecto a aquello que lo incomoda. Si no actuamos con diligencia, lo siguiente que hará nuestro perro para tratar de hacer frente a la situación, será ladrar. En esa distancia de seguridad, el perro aprende a enfrentarse con sus miedos desde una situación menos amenazadora.

El enfoque más adecuado para tratar estos miedos, consiste en trabajar el lado emocional de las situaciones en que se produce o, lo que es lo mismo, cambiar la percepción del perro y convencerlo de, aquello que le da miedo, no es tan malo como parece. En estos casos, debemos ser pacientes y tener en cuenta que el proceso deberá ser gradual y progresivo, premiando cada avance.

 

Resumiendo….

La mejor forma para erradicar aquellas conductas que resultan poco adecuadas para vivir en sociedad, es eliminar el refuerzo, buscar una alternativa adecuada y premiarla creando un comportamiento nuevo y positivo.

La mejor forma de trabajar este cambio de hábitos, es ensayar en diferentes situaciones desde, las primeras, totalmente controladas hasta llegar, progresivamente, a situaciones reales (en casa, en el parque, en la calle, con desconocidos….)

Practicar de forma gradual te permite supervisar la situación de principio a fin y ofrece a tu perro la posibilidad de trabajar en un entorno seguro y controlado para aprender a gestionar de manera diferente, situaciones rutinarias.

 

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