Caídas de altura en gatos

Entre los accidentes que suelen sufrir los gatos domésticos, uno frecuente es la caída desde grandes alturas. Los mininos son cazadores temerarios que, por instinto gustan de pasearse por terrazas y ventanas abiertas.

Un pájaro volando o, incluso una mosca, pueden resultar un estímulo lo suficientemente poderoso como para que, nuestro gato, olvide dónde se encuentra y se precipite al vacío, con consecuencias graves en la mayoría de los casos.

Aunque son animales muy ágiles, no es raro que por una distracción o un error de cálculo acaben con sus huesos en el suelo. El alto índice de supervivencia a estas caídas libres se debe a que adoptan instintivamente la mejor postura para amortiguar el golpe; De ahí su fama de tener siete vidas.

Pese al refrán, no son pocos los que llegan a la consulta con la mandíbula rota o un cuadro de lesiones internas, que los veterinarios han bautizado como síndrome del gato paracaidista. Y entre los que sobreviven hay muchos que se pierden.

Es bien conocido por los veterinarios que la caída de los gatos suele tener peores consecuencias si se produce desde un primer piso que si es desde una segunda o tercera altura (Patrones radiográficos más frecuentes en gatos con síndrome paracaidista: Estudio retrospectivo, Gutiérrez JA, Flores AJ, Luengo ME, Moralobo MC.).

Al contrario de lo que parece a simple vista, lo que el animal hace no es darse vuelta sencillamente. El modo en que cae es mucho más complejo, y explica porqué no existe una relación directa entre la altura de la caída y el daño sufrido tras ésta. Es tan complejo que el tema ha sido tratado por veterinarios, fisiólogos y hasta físicos. Cuando el gato nota la aceleración de la caída, adopta una postura encogida con las patas estiradas, lo que le permite, al llegar al suelo, amortiguar el efecto del impacto. Además, momentos antes de tocar el suelo, el gato se estira para aumentar al máximo su superficie y con ello el rozamiento con el aire (de forma similar a un paracaídas), lo que frena poco a poco la caída.

Las posibles lesiones a las que se enfrenta un gato paracaidista son, como podremos comprobar, muy dispares. Hemos visto animales que han caído desde alturas imposibles y que no presentan lesiones, pero también los hemos visto que han fallecido en caídas “leves”.

 

¿De qué depende el resultado de las lesiones?

Si intentamos dejar el factor suerte a un lado (aunque sea uno de los elementos más importantes), podríamos enumerar los siguientes :

  • La altura y velocidad de caída, que afecta directamente a la capacidad de reacción del animal de poner en marcha su mecanismo fisiológico para amortiguar la caída.
  • La zona de impacto (no es lo mismo caer sobre un rígido, frío e “impenetrable” suelo de cemento que sobre el “mullido” césped de un parque.
  • La arquitectura y elementos exteriores del edificio, dado que en la caída el animal puede encontrarse con tendederos o toldos, que ayudan a amortiguar, de alguna manera, el desastre.

Entre las lesiones más frecuentes están las fracturas (las más habituales son las de fémur, las de los huesecillos de las extremidades anteriores y las de la mandíbula) y las lesiones internas (roturas de la vejiga de la orina, traumatismos diversos en bazo, lesiones en pulmón…).

Aunque nuestro animal no presente lesión alguna tras la caída, la revisión por el veterinario es fundamental; muchas de las lesiones no dan la cara en los momentos siguientes a la caída y por ello no se debe descartar un problema ante la inexistencia de síntomas.

Para evitar las caídas de nuestros felinos al vacío, debemos intentar evitar su contacto con las alturas; Existen cerramientos para ventanas y balcones, en forma de mallas, de todo tipo de materiales, con variados sistemas, de fabricación profesional o casera… Cualquiera de ellos, si evita la caída, es bueno. La otra forma de evitar la caída es manteniendo alejado al animal de las zonas de riesgo.

Finalmente, es fundamental que nuestros gatos estén identificados… Si el animal cae y sus lesiones no son de gravedad puede quedarse quieto, o cerca de la zona de caída, pero también puede correr despavorido y desorientado, siendo su localización difícil, o casi imposible, sin el adecuado medio de identificación.

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